Me mira con cara de no saber quién soy ni qué hago ahí, así que me presento:
- Soy Olivia, te escribí una carta diciéndote que quería conocerte - Puh se rasca la cabeza pensativo.
- Ah! Ya me acuerdo. Eres la librotecaria.
- Esa soy yo - No quise corregirle porque me gustó la palabra.
- ¿Tienes hambre? Te lo pregunto porque es esa hora en que tengo que comer, y porque huele a miel, y la única razón que se me ocurre para que huela a miel es que sea esa hora, y si es esa hora, lo único que se me ocurre es que tengo que comer miel. ¿No habrás traido algo de miel por casualidad?
- Pues el caso es que sí.
Este oso tiene mejor olfato del que yo podía imaginar, y un apetito aún mayor, en unos momentos ha dado buena cuenta del tarro de miel que le he regalado.

- Oye Winny, leí tus historias en el libro de Milne, me gustaron mucho, si lo ves dale las gracias de mis parte, porque lo pasé muy bien leyéndolo. ¿Tú también lees?
- No, yo prefiero que me lean, porque aún no sé leer bien. Además, con los libros nunca se sabe, a veces te gusta leerlos y a veces no. Me gusta más inventar canciones y poemas.
- Lo sé, he leído algunas, son muy bonitas para estar hechas por un oso de poco cerebro. Es lo que dice siempre Milne, que no tienes ni una pizca de cerebro ¿Qué tal se lleva eso?
- Bien - contesta humildemente - es algo que a veces se tiene y a veces no se tiene. Y no hay que darle más vueltas.
Me solidarizo con él confesándole que a mí también me pasa, que a veces tengo cerebro y a veces no, incluso algunos días creo que nunca lo he tenido. Por suerte, cuando mi cerebro falla, tiro del de mis amigas, a las que afortunadamente les falla también el mismo día que a mí (cosa que por increible que parezca es totalmente cierta), y entonces formamos un gran equipo de seis piernas, seis brazos, tres cabezas y un cerebro.
- Ah, claro - dijo Puh asintiendo varias veces, aunque tenía cara de no haber entendido nada.
Mientras caminábamos fuímos charlando de esto y de aquello, de lo otro y de tal y cual, y se nos fueron pasando las horas rápidamente, qué pena que aunque me presentara a los demás habitantes del Bosque, no pude charlar con todos tanto como yo hubiese querido, sobre todo con Iíyoo, que es uno de mis preferidos (sin que se entere Porquete, que se pondría celoso).

Al único que no conocí personalmente fue a Christopher Robin, aunque sí lo vi de lejos cuando yo ya me marchaba, estaba en el extremo del Bosque esperando a Puh, y a pesar de que yo estaba lejos para oírle, supe que susurraba "Oso tontorrón" al coger la mano de su amigo.
Tengo que confesar que ha sido uno de los paseos más deliciosos de mi vida, y que me encantaría repetir la experiencia. Perdonadme si no os lo cuento con todos los detalles, pero es que tienen tantas ocurrencias que casi me haría falta escribir un libro para contaros todo lo que pasó, y está claro que eso es del todo innecesario, porque para conocerlos a fondo sólo tenéis que leer Historias de Winny de Puh, de A. A. Milne, con las ilustraciones de
E. H. Shepard (perdona Disney, pero las de Shepard me gustan mucho más), así lo encontraréis en la editorial Valdemar. Y por supuesto lo tenemos en nuestra biblioteca.